Crónica de febrero de 2015 de José Ramón Sales -crónicas rebeldes- "El gen de la sabiduría"

 

 

EL GEN DE LA SABIDURÍA

José Ramón Sales

 

 

 

Existe una plausible tendencia en este país al magisterio urbanita. Allá por donde miro, este empirismo se alza como un salteador de caminos agrediendo la auténtica cultura. Y se hace particularmente evidente en un país demográficamente rural. Tomar como ejemplo los diferentes tipos de encuestas en televisión, resulta embarazoso y arriesgado; no obstante, me atreveré un poco con ellas en aras de una cierta observancia sobre la tipología de los encuestados. A pesar de los datos y opiniones al respecto, los jóvenes parecen demostrar una mayor viveza intelectual. Pero cuando los entrevistados son personas de edad, sólo tenemos que aguzar el oído, al uso del profesor Henry Higgins de la célebre «Pigmalión», para darnos cuenta del nefasto nivel cultural de la media. Cuando miro atrás, en lo referente al núcleo de la población madura, no encuentro muchas diferencias con años atrás. Si pudiéramos coger el archivo de televisivo y rescatar entrevistas del pasado a los viandantes, nos daríamos perfecta cuanta de ello. ¿Cómo hemos evolucionado tan poco?

Los índices están ahí, al alcance de cualquiera que desee informarse. Una gran parte de nuestra población se mece en las aguas de una mediocridad cultural, siendo elegantemente eufemístico en la apreciación. Otra gran mayoría, en un oscurantismo intelectual. No sólo Pérez Reverte, sino otros muchos son los que hablan y alertan sobre la incultura española. Lean un poco para ver el barómetro. Desgraciadamente se trata de una irresoluta mediocridad, afianza en el costumbrismo español.

En un mundo donde interactuamos constantemente con nuestros congéneres, un gran porcentaje de la información que solemos recibir se nos trasmite por vía oral. Es un asunción clara y determinante. Otra parte viene dada a través de lo que llamamos «cultura televisiva»; la siguiente la absorbemos por internet, y la última, a través del estudio en las áreas pertinentes. Expuesto lo anterior a través de su importancia, no podemos extrañarnos de los resultados.

Siempre que hablamos de este problema, terminamos por conjeturar sobre la psicología de un país en el que el holgazaneo intelectual impregna a jóvenes y adultos, en un índice preocupante. Hoy por hoy, temas como la política han tomado por la fuerza la cultura de una población, abocándola al necesario estudio de sus elementos. Aún así, una inmensa mayoría no entiende los entresijos políticos, y siguen adocenados las proclamas más simples y la imagen del político de turno. Y poco más, exceptuando el tema futbolístico, en el cual todos los españoles parecen hacer muy bien sus deberes, dignos de un sobresaliente. Al menos, en cuanto a las continuas conversaciones que este servidor está acostumbrado a escuchar en boca de los sénecas de la afición nacional. A veces pienso, que si toda esa energía gastada en ver el deporte de pelotas y sus ulteriores análisis se utilizara para el estudio, en España habríamos alcanzado ya las lunas de Júpiter, como en alguna otra ocasión he hecho notar.

Las ínfulas de la «sabiduría urbanita», alcanza cotas increíbles, erigiendo un templo al atrevimiento de la ignorancia. Una ubicuidad alarmante por lo generalizado de la misma, que prende y desgasta nuestro futuro. Aquí he de confesar, que mucho habría de cambiar el talante español, para que este país evolucionara hacia un plano más alto, alcanzando el linde vecinal. Y es que, a pie de calle, nadie se las da de ignorante, y todos quieren sabe de todo. El axioma filosófico de estas personas es cuanto menos, divertida. Arguyen que todo ser humano, aún en su más pobre cultura, tiene algo que enseñarnos. ¡Vamos! Una persona que no sepa quién es Einstein, Kant, Edison, Jefferson, Balzac, Platón, Darwin; el Big Bang, el gnosticismo, la Fotosíntesis, el Bhagavad Gita , la teoría de pi, el mundo greco latino, Maupassant, Tolstoi, Dickens, o el principio de Arquímedes, entre una eternidad de conocimientos, difícilmente podrá enseñar algo más que anécdotas sobre cómo plantar una lechuga, crear un emplasto para el resfriado, un barniz casero o un puré de berzas. Pero lo peor aún está al llegar. Lean.

Lo preeminente se halla en otro nutrido grupo de sabios; los que ponen en tela de juicio el estudio, argumentando que toda base sustentadora carece de fiabilidad, por cuanto obedece a las veleidades e intereses de unos y otros. Y con esa falacia, ostentando una deplorable falta de escrúpulos, el menos capaz se sitúa al mismo nivel que el estudioso. ¿No es hilarante? Cualquier cosa, con tal de no reconocer el nivel cultural e intelectual de cada cual. Tamaña presbicia ha de ser notada en esta crónica.

Dicen que el saber no ocupa lugar, pero la mayoría parece haber olvidado esta máxima; los unos por pereza, y los otros por tener sus tazas colmadas de conocimientos. Y así, el saber popular se alza sobre su vulgarización, intentando alcanzar lo que no le pertenece por derecho propio. Cojamos si no, la insigne profesión de escritor, tomada hoy día al asalto por las masas. Las ilustres generaciones que nos precedieron en este campo, hacen bien en dormir en brazos de la eternidad, pues claro es el efecto que les produciría ver lo que actualmente acontece. Mejor dormir; tal vez soñar.

Disculpen si este ensayo se muestra como una invectiva. Lo que sí puedo afirmar es que no se trata de ninguna presunción. Yo mismo soy tratado, incluso por gente cercana, sin la dignificación intelectual deseada, y donde toda luz esclarecedora y ponderada se toma como petulancia. No importa lo que pueda argüir cabalmente, dando muestras de mi bagaje, ni utilizar mis libros o ensayos como referente, ya que estos contertulios muestran desconocerlos, exceptuando las vistosas portadas. Y es que en este mundo ser famoso lo es todo, y una garantía del buen saber. Y por otro lado, tampoco a los creyentes les hace falta leer los Evangelios, ¿o no? Esto, en cierta manera me recuerda al Bigotry: la tozuda intolerancia contra todo lo que no es propio de nuestra cultura. Y como decía Nere: « Perverso no es solamente aquel que provoca heridas; es también quien no pone remedio en las heridas que provocan los demás. Mentiroso no es sólo aquel que dice mentiras; es también quien esconde la verdad».

Hasta aquí la sentida declamación de este habitante indeseado. 

¿Me darán un Goya?

 

ENTREVISTA REALIZADA A JOSÉ RAMÓN SALES EN ENTREESCRITORES

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