Crónica de septiembre de 2014 de José Ramón Sales. Linda Lovelace. Crónica de una gran mentira. Acto quinto. Conclusión

 

 

LINDA LOVELACE. CRÓNICA DE UNA GRAN MENTIRA

Acto quinto. Conclusión

José Ramón Sales

 

Tras fracasar en solitario en la industria del cine porno, una vez divorciada de Chuck Traynor, Linda Lovelace quiso reinsertarse en la sociedad, padeciendo lo que el escritor Hart Williams denomina «Síndrome de conversión».

Lo primero que hizo fue proclamarse víctima de todo lo sucedido, aduciendo que fue explotada y esclavizada por su marido, quien la obligó a todo. Lo segundo, tratar de hacer ver lo nefasto de la pornografía, arremetiendo contra el medio y sus artífices.

Linda escribió cuatro libros; aunque después sólo reconoció como legítimos los dos últimos: «Ordeal», publicado en 1980, y «Out of Bondage», de 1986. En su librito de 1973, «Dentro de Linda Lovelace», así como en «Diario íntimo de Linda Lovelace», existen alusiones y ataques directos. Sobre todo hacia el productor Al Goldstein, el cual afirmaba que a ella le iba la zoofilia. En «Diario íntimo» ella, sin darse cuenta, ofreció algunas claves sobre su inclinación. En el libro relataba cómo fueron invitados a una fiesta que daba una pareja amante del sexo con animales. En un momento dado, los anfitriones, una pareja treintañera, se desnudó e hicieron el amor con los perros ante los invitados. A Linda le sorprendió la naturalidad de aquello, describiendo que, tanto la pareja como los perros, se veían contentos y felices. Ella pues, no censuraba la conducta de la pareja, reconociendo que sí la excitó, al punto de desear hacer el amor con su marido nada más llegar a casa, puntualizando que ella no lo haría nunca con un perro, aunque estuviera en una isla desierta y el animal fuera lo único que tuviera a mano. Acto seguido, arremetió contra el productor, escribiendo literalmente: «¡Vete a tomar por el culo, Goldstein!». Después tachó de enfermiza a la industria del sexo.

Al hacer su renuncia sobre todo lo relacionado con su pasado, más el añadido de los insultos, el productor imprimió algunas fotos de «Dogorama», el corto de Linda con el perro. Ella le acusó de falsificarlas, y entonces Goldstein puso en circulación la película, asegurándose de que todos los medios de comunicación tuvieran la  prueba indiscutible  de que Linda disfrutaba de la bestialidad. Destapado todo el asunto, Linda no tuvo más remedio que admitir su  participación en esta película.

El historiador Jim Hollyday cuenta: «Hablé con las cinco personas que hicieron Dogarama: Eric Edwards, Chuck Traynor, el camarógrafo y director Bob Wolfe, el dueño del perro y el hombre que ponía el dinero. La historia de Linda Lovelace sobre que ella fue víctima, es tan absurdo como los que piensan que Neil Armstrong y los muchachos cayeron en Arkansas y que todo el alunizaje fue un engaño. Si Estados Unidos no quiere creer en la verdad, no puedo ayudarles. El propietario del perro dice que Linda Lovelace, un par de días después, le preguntó si el perro aún estaba disponible».

En el 2007, la estrella del porno Ron Jeremy publicó «Ron Jeremy The Hardest» y en él relata: «He oído de fuentes muy confiables que Lovelace estaba mintiendo. Ella estaba resentida por la rapidez con la que su estrella se había desvanecido». El autor cree que Linda inventó historias extravagantes sobre secuestros y palizas, que jugaron su papel en las manos de los fanáticos anti-porno y feministas, en cuyas garras ella había caídol. Según Ron Jeremy, él nunca vio la película, pero tiene la historia de Eric Edwards, que realizó con Linda la mayoría de las cintas, y afirmó que sujetaba al perro mientras ella tenía relaciones sexuales con él, sin ningún problema. Ron Jeremy concluye: «Por lo que entiendo, Lovelace le hizo sexo oral al perro y luego copuló con él al estilo perrito.  Lovelace afirmó que Traynor la obligó a hacerlo, y que él prometió matarla si ella no tenía relaciones sexuales con el perro en la película. No creo en ninguna de esas historias».

Su amigo y compañero en los cortos, Eric Edwards, dice: «Me quedé anonadado. Después que terminé de hacer sexo anal con Linda, me senté atrás y miré. Ella estaba con el perro. Yo estaba asombrado porque nunca antes había visto a una mujer  tener relaciones sexuales con un perro. Teníamos un conjunto extraño, con un perro para hacerlo con una actriz, y que tal vez no le gustara a ella, y a él no entrar en ella. Pero este perro era un semental. Él sabía qué hacer. La montó por detrás y lo hizo a lo perrito sin ningún problema».

Una serie de escritores que han investigado la vida de Lovelace,  han terminado cuestionado la versión de ella en la producción de estas películas, así como la conducta de Traynor. Fue Eric Edwards, quien afirmó que Lovelace fue «realmente en ella», y no mostraba signo alguno de haber sido forzada a realizar aquellas filmaciones. En efecto, si vemos el comportamiento entusiasta de Linda en «Dogarama», es difícil advertir cualquier señal de una mujer que hace algo en contra de su voluntad. Si ella estaba actuando bajo amenaza, y luego interactuaba tan apasionadamente con el perro, representa la actuación más convincente que jamás ha capturado una cámara. De aquí, el interés de Goldstein por hacer ver al público la cinta, pues las imágenes hablaban por sí solas.

 

Quizás, en algún momento este largo ensayo pueda parecernos una diatriba. Nada menos cierto. Como la noche es al día, he querido exponer lo congénito en la personalidad de Linda en relación a su vida y a sus acciones, y de cómo la consecuencia al fracaso de su carrera tuvo eco en su anhelada reinserción social.

Los grupos feministas moldearon a Linda como un muñeco, exponiéndola como una víctima miserable vapuleada desde todos los ángulos, en la garras de hombres sin escrúpulos que la extorsionaban hasta la crueldad. Al recibir una atención creciente, Linda aumentó el horror que ella afirmó haber sufrido como objeto sexual. Apareció en programas de televisión y en entrevistas en los medios, potenciando la degradación que describe en sus libros. Y el público de la época la creyó.

Chuck Traynor, retratado como un perfecto villano por Linda en sus últimas tres autobiografías, confirma la verdad básica de los acontecimientos descritos en «Ordeal», pero niega la afirmación de Linda al verse a sí misma como una víctima, así como su papel en la función. Junto con muchas personas que conocían a la pareja a principios de los años 70, entre ellos Gerard Damiano y Harry Reems, Traynor afirma que Linda participó voluntariamente en «Garganta Profunda», en los cortos porno, sexo duro y prostitución, así como en el resto de sus hazañas.  La siguiente la esposa de Traynor, Marilyn Chambers, se echó a reír cuando la gente se ofreció a ayudarla para escapar de las garras de su marido, el cual nunca dio signo alguno de ser violento.

Causa y efecto.

Hija de un policía y una fanática religiosa, asistió a escuelas católicas como San Juan Bautista, en Yonkers, y Maria Regina High School, en Hartsdale. Ella misma dice: «Cuando yo tenía cuatro años, mi madre comenzó a golpearme; primero con un cinturón, después con la hebilla de la correa. Una vez ella me envió a la farmacia a por unas gotas nasales y me volví con la marca equivocada. Sólo tenía once años y ella me golpeó con un palo de escoba por ese error. Ella dijo que habría conseguido la botella correcta si yo no tuviera tanto en mi mente a los chicos. Y cuando tuve mi período por primera vez, no se lo dije a mi madre porque pensé que Dios me estaba castigando».

No es de extrañar que a la primera oportunidad escapara como alma desbocada al mundo la aguardaba; que quedara en cinta a los diecinueve años; que buscara todo aquello que se le prohibió, en especial  lo referido al sexo. Esto la llevó a Traynor y a todo lo demás. Damiano dijo a la revista «Génesis 9/81»: Cada vez que estaba en su compañía, se la veía enamorada de él. Ella lo amaba, estaba cerca de él, y nunca estuvo fuera de su vista. En realidad, yo estaba un poco celoso de él, porque me gustaba. Ella habría hecho cualquier cosa que él le pidiera».

Y llegamos al final. Un final donde lo ineluctable cobra su dimensión.

Tras el divorcio de Traynor, Linda se casó en 1974 con Larry Marciano, un trabajador de la construcción, el cual no podía soportar oír hablar de su neurosis y de sus arrebatos postraumáticos. Las personas en su puesto de trabajo le acosaban, y hablaban tan mal como los vecinos. En 1996 se divorciaron por fin, y Linda alegó que Larry bebía, y era violento con ella, así como con los dos hijos del matrimonio. No obstante, conservaron la amistad.

Ella finalmente vio el daño que las feministas le habían causado, usándola como una marioneta pública. Pensó que podría hacer algo de dinero con el nombre que la había hecho tan famosa, pues estaba enferma y tenía muchos gastos; así que posó desnuda nuevamente como una mujer madura, después de todas las declaraciones que hizo contra el porno.

Roto el cuerpo con una doble mastectomía,  apoyada en las máquinas de diálisis y un diabético, sus hijos y nietos eran su fuerza vital. Entonces llegó el director Ron Howard y la propuesta de llevar a la pantalla su vida, interpretada por Amanda Seyfried. Linda tuvo una entrevista con los interesados en el proyecto, a través del cual podía ganar un dinero extra y popularidad. Pero la muerte le arrebató lo poco que le quedaba, exonerándola en cierto modo de los problemas que le deparaba la vida. Fue un veintidós de abril de 2002 en una carretera de Denver, Colorado, a los cincuenta y dos años. Lindsay, la hija de Linda, mencionó en los medios que su madre murió sin un centavo.  

Algunos años más tarde, Hollywood y su feérica moral, puso en imágenes la vida de la fenecida estrella, bajo el título de Lovelace, un producto sin pena ni gloria en el circuito cinematográfico, que mucho se dejó en el tintero, distorsionando la realidad de una vida muy discutida. Como otros, he visto su polémica película, en la que se aprecia las diferentes sesiones que se filmaron. Tres o cuatro, unidas después. Esto confirma el interés de ella y del productor por filmar más sesiones. Las imágenes son contundentes y a Linda se la ve disfrutando de lo que hace. Entonces tenemos a una pareja muy sexual, siempre en busca de nuevas experiencias. Y podían tenerlas mejor en la intimidad con una mascota de su propiedad. En la Protectora de Animales sacaron a Rufus, un perro bien dotado y crecidito. Es fácil suponer que merecía la pena hacerlo llegar como una estrella hasta la casa del millonario de Playboy, donde Linda exhibiría su destreza. He aquí la moraleja de cómo la historia y los medios nos engañan.

 

 

 

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